domingo, 9 de diciembre de 2007

Madrid, otra vez


Había olvidado tus empedrados húmedos en las noches húmedas, tus nieblas de invierno empañando los amaneceres del Retiro, el bullicio de tus calles, la hojarasca bajo las zapatillas, la caricia de las farolas, las prisas y los paréntesis, el calor espeso del metro, el azote de la sierra en la cara; el tráfico que no cesa, las idas y venidas, las tabernas consagradas de polvo y vermú, tus puertas siempre abiertas, la madrugada empapada en aceite de porras recién hechas y chocolate negro. La sensación de volver a una casa a la que nadie pertenece pero en la que hay sitio para todos.



Vuelvo de recontar mis pasos de estudiante sin estudios por Moncloa y Gran Vía, las inmediaciones de la Plaza y su estatua ecuestre, Cuchilleros abajo hasta desembocar en los tabucos de la Cava Baja. Las tapas a precio de oro, las barras a rebosar, los carteristas y mangantes, las cañas espumosas tiradas con paciencia de siglos, el sabor castizo de los gatos que ronronean su acento de Madrí, el organillo ya mudo del Pichi, que palmó de empacho de chotis y chulaponería. Malasaña y sus antros alegres, el recuerdo de aquellas noches en las que despertaba a la vida. Chueca, sus taconeos, sus pelucas y su descaro, el arco iris ondeando sobre las azoteas, las razas y los colores pasados por la termomix. Los pijos y los pasotas, las rubias teñidas, los travelos, los sudacas, los intelectualoides aburridos, las guapas de pose, las feas más feas, las putas más putas, los maricas más maricas, las noches sin hora, el famoseo y el cutrerío, las tontas del bote y sus oseas, los guiris y los suvenires, los soportales y los portales, las mil y una noches.



Ese Madrid que guarda al otro lado del espejo el sagrado templo de las Ventas del Espíritu Santo, el ladrillo rojo neomudéjar y el albero dorado, las tardes de mayo, los silencios cerrados, las ovaciones y la gloria. Los cafés modernistas, las partidas de mus a treinta, el secreto de la sonrisa de Cibeles, los rugidos felinos de sus leones. Madrid sostenida en el tridente del dios de las aguas, Madrid pasarela al cielo y al infierno, de Madrí a lo eterno o al suelo sangrante del puente de Segovia. Madrid de Austrias y macarras, Madrid de jardines y callejuelas meadas, bobos merengues y sufridos colchoneros. Sórdido Madrid de silencios, memoria viva, corazón de este país de países y corazones.



Y vuelvo con sabor a fresa macerada en la boca y el hielo derritiéndose bajo mi lengua mientras corta mi garganta como un cuchillo. Con el abrazo y el reencuentro, con el dolor asomado por las esquinas buscándome las heridas para resucitarlas. Y media sonrisa dibujada en la cara y una tregua muy frágil en el corazón y la cabeza. Porque mañana será otra día. Porque mañana será otra vida. Y sigo en pie.

7 comentarios:

Guarismo dijo...

Madrí, como tú la llamas, como la llamamos casi todos, o Madrit, que dicen otros, es como tú la pintas, sí, con tu prosa siempre deliciosa.

Vivo en Madrí desde ¿1967? Aún no habrías nacido, Berrendita, probablemente. Era otro Madrí, con el ambiente universitario de los Colegios Mayores, que añoro -¿y quén no?-, las clases en la facultad, en el "aula magna" las importantes, las huelgas, el correr ante los grises que te perseguían a caballo, con la porra, y que, si te detenías, te detenían. Las mangueras de agua con tinte, para saber si habias estado o no en esa manifestación o en aquella otra. La radio de la poli pillada en el extremo de la frecuencia de FM, sólo con aparatos de radios especiales, ¡Que bajan por Séneca! ¡Que cargan en Medicina!... ¡Qué tiempos!

Ruido de platos y cucharas cuando algún guayabo entraba en los comedores del S.E.U., vinos en la calle Princesa para ligar; las tapas, entonces, a precio de risa -por un duro te ponia morao- allá por la plaza Mayor o la de Santa Ana, a las que llegaba empapado en mi Lambretta los días de lluvia (entonces llovía en Madrí), después de caerme un par de veces al resbalar sobre los raíles del tranvía, o pisar la grasa de los autobuses en una curva cerrada o los adoquines húmedos de alguna calle... o llegaba como un señorito a bordo del 600 de mi novia... ¡Entonces se podía circular y hasta aparcar, créeme, en las calles de Madrí!

Madrí es ya mu grande, demasiao, para uno que nació en La Isla y añora su Cái...

¡Qué le vamoshasé! Pero Madrí tié su encanto, y sus cosas güenas... como tú describes con tu pluma certera.

Un abrazo.

P.D. De haber sabido que venías por aquí te habría buscado entre la gente, aunque hubiera perdido un día en mis plays...)

Donce dijo...

Guarismo, yo lo sabía y yo la busqué, hasta creo que hemos pisado los mismos adoquines estos días, pero... c´est la vie!!

adoquinarios dijo...

"Malasaña y sus antros alegres, el recuerdo de aquellas noches en las que despertaba a la vida. Chueca, sus taconeos, sus pelucas y su descaro, el arco iris ondeando sobre las azoteas, las razas y los colores pasados por la termomix. Los pijos y los pasotas, las rubias teñidas, los travelos, los sudacas, los intelectualoides aburridos, las guapas de pose, las feas más feas, las putas más putas, los maricas más maricas, las noches sin hora, el famoseo y el cutrerío, las tontas del bote y sus oseas, los guiris y los suvenires, los soportales y los portales, las mil y una noches."

Magnifica descripción del puso diario de la Villa, en Madrid cabemos todos, todos somos madrileños.

Me alegro del reencuentro momentos como ese son los que nos dan razón de ser.

¡Enhorabuena frikita!. Hoy es un gran día.

LUIS SANTOS DE DIOS dijo...

Intenso puente, ¿no...?
Espero que haya sido útil... o inútil (que nunca se sabe).
Un saludo,
Luis Santos

Duke dijo...

Y según dicen o te encanta o la odias...
Pero yo sigo diciendo que para mí,esa Madrid de barullo,de colas inmensas,de atascos,de sitio sin sitio,de luces de colores...tiene algo especial.

Pasaste buen puente?si o si? ;)


Un besazo Ana!

dario jurado dijo...

Madrí, Madriz, feliz, perdiz.

Un besito

Darío Jurado

estrella de mar dijo...

gracias... me has puesto colorá!!

llevo unos días escribiendo comentarios a este post que nunca se publican porque mi linea de internet ha decidido que no le apetece funcionar.

recuerdo que hablaba de 1967, el año en el que llegó guarismo a Madrid, cuando faltaban 20 años para mi nacimiento. Y decía que ahora, 20 años después, llego a Madrid el día 20.

Y que el próximo año puede que siga con la carrera allí, que Valladolid es feo y Madrid me parece más... grande. Con más cosas que hacer.

Ya no queda tan bonito como otras veces... pero a ver si se me publica.

Un abrazo, Ana! Quizás nos veamos zamoreando estas navidades.