domingo, 28 de diciembre de 2008

Navidad

Llegué a Salamanca el día de Navidad a las cuatro de la tarde mientras la casa que me vio nacer se hacía pequeñita y quedaba lo suficientemente lejos para no verla en el retrovisor. Las calles estaban desiertas, como si se tratase de una película futurista en que la humanidad queda arrasada y solo tú eres el superviviente. Nadie, absolutamente nadie, rompía la paz del mediodía. La gente festejaba en la mesa la venida del Dios Niño y el sol brillaba como la Estrella de Oriente posada sobre el día, calentando un poquito mi alma.

Colgada al hombro, la neverita con un túper con lombarda y redondo que había cocinado mi madre la noche anterior. El mismo menú que estaría comiendo mi familia mientras yo caminaba por calles sin vida y le sonreía al silencio que rompían mis pasos por las aceras. El mismo menú que presidía los manteles de mi abuela cuando éramos niños y el inmenso abrazo de nuestros mayores nos protegía del mundo.

Cuando llegué a casa, a este torreón de cristal y piedra donde consumo las noches sin detenerme a mirar el pasado, calenté la comida y me fui a currar como si fuese un día más entre los días.

Lo bueno de la soledad es que, cuando convives con ella, llega un punto en el que deja de darte miedo.

7 comentarios:

maloles dijo...

:)
Leerte es como comer, respirar, ver, beber, sentir.

Muas!

Lucano dijo...

Nadie, silencio, soledad... pero la Estrella, el Sol invicto te calentó. Siempre calienta. Y cuando duerme, nos abraza. Feliz Navidad, Ana.

M@r@ dijo...

Feliz Navidad...

A mi familia le encanta la lombarda,a mi no,nunca la como,y todas las Nochebuenas se preparan platos de lombarda que seguramente yo prepararé a mis hijos aunque no me guste...

Bss

Luis y Mª Jesús dijo...

Debieras escribir más de tu familia, se nota que tienes detras de ti una genealogía potente, llena de vida que aún te nutre... Muy feliz año. Luis

Arcángel Mirón dijo...

Totalmente de acuerdo.
La soledad deja de ser tan inhóspita.

Igual, es un arma de doble filo. Uno se termina acostumbrando, y puede no distinguir entre la soledad deseada y la otra.

(Ayer iba por la calle y de la ventana de una casa salió el olor del guiso que preparaba mi nona, hace más de siete años).

Feliz año, Berrendita.
Te abrazo.

Anónimo dijo...

Que bien describes la soledad Berrendita. Tan bien la describes, que cuando te he leido, por un momento, me he sentido solo yo tambien.
Besos
Salud
El Coronel

Ricardo Baticón dijo...

Hola Berrendita, Feliz Navidad... y año nuevo con retraso. Bonita entrada... Y así es, cuando se convive con la soledad, deja de ser extraña para convertirse hasta casi en amigable.

Por otro lado, Berrendita, aprovecho este comentario también para decirte que a mi el nuevo año me ha traído un nuevo blog de temática y contenido bastante diferente a Vayapelimasguapa o no. Este nuevo blog se llama "Fragmentos y otros mares" Si te apetece echarle un vistazo podrás encontrarle en Mi Perfil o directamente en el siguiente enlace:

http://fragmentosyotrosmares.blogspot.com/

Espero que te guste. Ya me dirás. Un saludo.