Los vimos por las calles, rompiendo el cielo con sus cabezas regias, danzando sobre el asfalto de la media tarde, dictándole a los vientos su nombre.Ayer los vimos vestidos de verano, estrenando sus pasos sobre las losas, pintando de alegría las viejas piedras, encendiendo en sonrisas infantiles la mitad de junio.
Son los gigantes de esta ciudad. Los que sueñan. Los que pelean. Los que construyen. Los que aman. Los que sostienen las nubes. Los que nos arropan los latidos. Los que derriban las murallas.
Los que apenas miden metro y pico, aunque sea un pico largo. Los que tienen cuarenta nombres. Los que se emocionan. Los que devoran estrellas al pie de las almenas. Los que visten la noche con la voz ronca del vino peleón.
Los gigantes vivos de esta tierra iban en el vientre de los gigantes inertes, sosteniendo en sus hombros sus armazones de siglos. Derribando los cercos, abriendo las puertas.
Los gigantes de esta tierra, mis gigantes de Capitonis Durii, salieron a la calle a enseñarnos sus sueños. A demostrar que en la ciudad de las leyendas y el silencio queda espacio para los sueños, por inmensos que estos sean.