jueves, 21 de enero de 2010

Cuna de la alegría


Existe una ciudad que espera la madrugada cantando, que cantando espanta sus penas para ser cuna de la alegría, tacita de plata donde beben los dioses más profanos. Una ciudad que se deja acariciar el vientre por los vientos, amasando su métrica caprichosa con la luna de febrero en las noches húmedas de relente y borrachera, la iglesia de La Palma al fondo, la piedra ostionera desgastada, abrigada en la sábana de la libertad y el verso.

Por la boca de Juan Carlos, el poeta maldito que bendijeron los dioses, aprendí a amarla como se ama cuando no se ha amado nunca; a descifrar sus losas y los pies descalzos de los niños, la vida que se esconde tras los muros y más adentro, los recovecos del aire por las esquinas, el azote del levante en la playa, el milagro del sol sobre el agua. Y fueron las manos atadas de unos condenados las que me ataron el corazón a sus coplas, y fueron unas alas negras las que levantaron mi alma para sobrevolar por sus entresijos como una lengua llena de deseo. Y fueron unos parias los que me tejieron la manta y la azotea; unos indios apátridas los que me dictaron que aquella tierra era también mía y unos inmortales sedientos de sangre y poesía los que me insuflaron sangre atlántica para que nunca se me olvidase el sonido de las aguas cuando rompen en la arena, noche tras noche, acunadas en el deje antiguo de un Carnaval desde la otra orilla.

Existe una ciudad que se despereza cantando cada día, que vive dormida, que sueña despierta, que me ata con cadenas invisibles, que dispara gargantas cada noche al abrigo de unos ladrillos colorados que son como un templo cuando Cádiz amanece cantando, cuando se pone en pie contra el alba.

Y ahora, aquí, tan lejos, cierro los ojos, aprieto los puños y huelo el mar, que sólo huele así en las noches de regreso, y recito su vaivén como un padrenuestro sin guión y canto con ella en voz baja, desgastándome en cada latido de pura ausencia, mientras la madrugada me sorprende con el estómago en un puño, los ojos cosidos a mi ordenador, la sonrisa encendida y la emoción destilada en agua y sal. Es entonces cuando sólo quiero ser agua y sal para volver a abrazarla, para esperar cantando junto a ella a que llegue el día.

(Y mientras pido perdón porque no recuerdo de dónde mangué la foto, me grabo en las tripas estas Noches de Bohemia y escribo y escribo, quizá porque a Juan Carlos Aragón nunca le dí las gracias por tanta pasión, por tanta música, por tanta lucha, por tanta belleza)

10 comentarios:

adoquinarios dijo...

Uf...

Que cosa mas bonita! Lo mas bonito!

Noelia Jiménez dijo...

¿Nos escapamos para espantar a la nostalgia?

Félix dijo...

Yo no canto, pero pondré en guardia mi oído para escucharte, aunque sea bajito.
Cordialmente,
Félix

Guarismo dijo...

Ana:

Ya te dije una vez que no conocía a nadie que describiera mi tierra, Cái, como lo hacías tú. Hoy he de repetírtelo: nadie como tú la describe y, probablemente, nadie como tú la ama y la echa de menos. Quizá porque eres de tierra adentro... Los que viven allí o vamos de vez en cuando, como yo, seguramente que no la apreciamos tanto como tú.

Tus palabras emocionan, y se disfrutan.

"...el azote del levante en la playa, el milagro del sol sobre el agua...". Precioso.

Gracias por hablar así, por escribir así, sobre mi tierra.

(Por fin has vuelto a publicar con asiduidad; ¡qué gozada!).

Un fuerte abrazo,

Miguel

Anónimo dijo...

Gracias,gracias por volver y hablar así de mi tierra. Desde aquí te mando el cielo,la brisa,esas estrellas sobre nuestro mar;canciones,lágrimas,sonrisas y miles de sentimientos que nos llenan a muchos gaditanos cada día.

Que este nuevo año llene tu vida de todo lo mejor. Besos Mar de Cái.

berrendita dijo...

Lo primero, GRACIAS a todos.

Víctor: Lo más bonito, tú lo has dicho. Dentro de poco vas a vivirlo en carne propia, y eso ya no se borra nunca. Besos.

Noelia: pues no te digo que no. Lo hablamos. Mil besos.

Félix: yo sé que siempre me escuchas, que siempre cuento con tu oído. Quizá por eso nunca deje de cantar, incluso en el silencio. Un abrazo. :)

Miguel: siempre que te leo me da la sensación de que me quedo en deuda contigo. Gracias a tí por leerme así. Siempre me emocionas, en tres palabras. Gracias.

Mar de Cái: gracias a tí, por venir, por seguir viniendo, por esperar, por leer, por descifrarme así. Yo te mando mil besos, con viento del norte, y mis madrugadas pegadita a Onda Cádiz, que es la ventanita por donde escapa mi nostalgia cada noche.

M@r@ dijo...

Oh que gran texto Ana,y mira que hacia que no escribias,pero yo sabia que acercandose estas fechas tan señaladas para ti y para los amantes del carnaval tu pondrías tu granito de arena y escribirias lo que mejor sabes,porque lo has vivido,porque lo has sentido y lo querrás oir aunque estés tan lejos de alli pero tan cerca de los recuerdos...

Un abrazo Ana,espero que todo esté bien que hace mucho que no nos vemos.
Un besazo wapa.

Anónimo dijo...

Hola Ana, que alegria me ha dado ver que vuelves a escribir en la fabrica.Soy Carmen la valenciana y espero volver a disfrutar leyendote cada dia.Un beso desde valencia!!

Anónimo dijo...

¿Sabes que tienes una gran suerte, Berrendita? Soy gaditano y no conozco a nadie que sepa mirar a nuestra tierra como tu lo haces, con el corazón por delante. Considerate afortunada, porque eso es un don que pocos tienen. Seguro que Cádiz siempre te espera cantando y con los brazos abiertos.

Ricardo Baticón dijo...

Hola Berrendita, es un lujazo volverte a leer en esta fábrica, ya me alegro que vuelva a estar abierta para todos para disfrutar de tu forma de escribir que nos encanta. Un abrazo!