
Quiero abrazarte con los ojos, limpiarte el salitre con las retinas, empaparme de tu piedra porosa, de tus callejuelas estrechas donde corren los vientos como niños jugando al fútbol.
Quiero escuchar las voces atlánticas paridas a golpe de compás y latido en Santa María, el rumor de pasos y oraciones a los pies del Greñúo cada viernes, cuando te postras en espera del milagro.
Quiero beberme el sol naranja cerrando el día en La Caleta, tu Campo del Sur bañado en colorines y cúpula, tus empedrados rezumando verano al mediodía, tu cielo inmenso cubriendo como una lona en azul el mar.
Quiero devorar estrellas en La Viña, esperar febrero en La Palma, tatuarme en el alma las sonrisas de los que amo, romperme la garganta soñando Carnavales, amansando la arena dorada con la caricia de mis pies.
Quiero, necesito abrazarte entera, para que no se me olvide tu pulso y tu cántico, tus veranos encendidos, tus inviernos plomos, el olor de las algas en la madrugada, para dictarte una vez más mi nombre como quien recita una promesa, un acto de fe; para que siempre me abras los brazos, como un Cristo sin Cruz, como una gaviota de blancas alas, como la mujer apostada en la puerta del que llega cansado a casa.
Mañana, a estas horas, mi Cái, viviré en tu abrazo.
(La foto es de Manué, que abraza con los ojos la Tacita como nadie)