
Sé que Olga se portó como una campeona y que Fernando lloró de emoción el día que sus tres pequeñajos asomaron las orejas (seis orejas, seis) al mundo en la tierra burgalesa de su madre. Sé que esperaron treinta y siete semanas con emoción y expectación para contemplar sus rostros y poderlos abrazar, ya liberados de la protección cálida del vientre de su madre.
Sé también que algún día les contaré cómo se conocieron sus padres en esta Zamora nuestra y cómo supe un día, por el brillo de los ojos de ella, que se habían enamorado sin decirnos nada. Y que siguen igual desde entonces, floreciendo los frutos.
Sé que desde que vinieron al mundo en casa de los Fombes se duerme mucho menos, aunque la alegría ha venido multiplicada por tres, aunque entre tomas y bibes y pañales anden a todo trapo. Sé también por el blog que su padre les/nos escribe (http://www.trillizosburgos.blogspot.com/) que Carlota, Gabriela y Fernando son unos bebés sanos, aunque Carlota les pegue algún sustillo de vez en cuando, y que se merecen por derecho propio un sitio en esta fábrica de sueños. Porque ellos tres representan el futuro y la esperanza en este mundo que nos empeñamos de cubrir de mierda. Porque son tres soplos de vida, tres guiños de amor en este otoño frío que nos congela los besos y el alma.
Y yo os mando un beso, pequeñajos, porque sin saberlo formáis también parte de mi vida, como yo soy parte de la historia de la vuestra, aunque todavía no nos conozcamos. Porque supongo que también un día os hablarán de mí.
Porque hoy, que las palabras parece me pesan más de costumbre, os contemplo en vuestra primera foto de familia y me hacéis más ligero el camino y más fácil la sonrisa. Porque frente a tanto punto y final vosotros sóis el punto y seguido, las frases por escribir, las sonrisas por descubrir, la vida abriéndose paso. Y sé que os quiero y que tenéis el mundo entre las manos.
Un besazo a los cinco.


