Sé que tengo descuidada la fábrica. Sé que la pereza me ha vencido en estos días primeros de febrero y que el tiempo ha resultado escaso para hacer propósito de la enmienda y sentarme a escribir. A soñar. A dejar constancia de los tiempos que no viví y de las cosas que olvidé contar.Y ahora que van pasando los días, sé que olvidé decirle a Marta que su Toro estaba precioso vestido de Carnaval. Que la Torre del Reloj parecía más alta. Que el balcón de Pilatos ensanchó sus vistas. Que las calles se vistieron de Domingo Gordo y fiesta como si fuesen el marinero barrio de La Viña. Que los soportales se llenaron de parodias entre vino y vino. Que sus paisanos tomaron las calles y perpetuaron bodas, lentejuelas y lutos.
Olvidé contarte, Marta, que tu tierra cumplió con la tradición del desparpajo, ya enterrado bajo la ceniza de la Cuaresma en este viernes primero de la Cuaresma que ya es sábado incipiente en esta madrugada muda. Sé también que sus rescoldos de siglos abrasan a tu gente, que comenzará a escribir romances y murgas en cuanto pase la Pasión.
Y te ilustro todo esto con una foto nocturna que robé un día en una página sin saber siquiera quién es el autor. Porque veo en ella la ciudad bajo el signo de Tauro con olor a reposo y silencio. A niebla de invierno; a humedad y frío. La que me guarda los pasos en sus losas. La que viste de racimos y uvas el mes de octubre. La que engalana de lluvias y frutos la Vega. La que extiende albero de quita y pon mientras espera nuevas fuentes de vino en su coso tres veces centenario. La que se cobija siempre a la sombra de su orgullosa colegiata. La que abre sus puertas en majestad a todo aquel que quiera acceder a sus secretos.
He dejado pasar, Marta, tu carnaval toresano. Porque quise esperar a contártelo así, en tiempo pasado. Como si Toro fuese la Viña, que sigue cantando noche tras noche versos porque en Cái no hay entierros ni sardinas que apaguen las gargantas. Quise contártelo despacito, como un sueño. Despacito, de retirada, igual que han vuelto mis manteos de Águeda a los cajones. Igual que reposa ya en el armario de los sueños este Carnaval que olvidé contar.